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Archivo de Mayo 2008

Vladímir Putin encabeza el Consejo de Ministros del Estado Comunitario Rusia-Bielorrusia

Publicado por Kris Roman en Mayo 27, 2008

El jefe del Gobierno ruso, Vladímir Putin, ha sido designado hoy presidente del Consejo de Ministros del Estado Comunitario Rusia-Bielorrusia, anunció el servicio de prensa del Kremlin.

El respectivo decreto lo firmó este martes el presidente del Consejo Supremo del Estado Comunitario y mandatario bielorruso Alexandr Lukashenko.

El documento también fue sellado por el líder ruso, Dmitri Medvédev.

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General ruso habla de medidas secretas en respuesta a DAM de EEUU en Europa

Publicado por Kris Roman en Mayo 27, 2008

El jefe adjunto de la Dirección General de Cooperación Militar del Ministerio ruso de Defensa, Evgueni Buzhinski, dijo hoy  que Rusia prepara respuestas asimétricas secretas al despliegue del sistema de defensa antimisiles (DAM) de EEUU en Europa.

“Analizamos sobre las medidas asimétricas de las que por ahora no puedo detallar, en respuesta al DAM de EEUU en Europa”, dijo hoy a la prensa el general.

 El jefe militar señaló que las medidas rusas “deberán reducir a cero los riesgos del DAM para la seguridad nacional del país”.

En sintonía con la postura del Gobierno y la elite castrense del país, Buzhinski tildó de “antirruso” el plan de instalar una base de misiles interceptores en Polonia y una estación de radar en la República Checa.

“Con estos elementos poco a poco se tejerá la telaraña global a lo largo de nuestras fronteras”, destacó el general.

Según la Administración de George Bush, el escudo antimisiles estadounidense en Europa tiene el objetivo de conjurar la amenaza de ataques con misiles proveniente de los países como Irán. Las autoridades de Moscú rechazan estos argumentos e insisten en que el sistema DAM en Europa altera el equilibrio geoestratégico y en consecuencia, amenaza su seguridad nacional.

En cuanto a las medidas de confianza, ofrecidas por EEUU para convencer a Rusia de que el DAM no es un peligro para Moscú, el general dijo que estas garantías no disipan las dudas que Rusia tiene al respecto.

“A nuestro juicio, se pretende minimizar nuestros temores. Las ofertas y promesas de EEUU no son concretas y  Washington puede dejar de cumplirlas en cualquier momento”, concluyó Buzhinski.

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Rusia impulsará cooperación con Cuba en todos los ámbitos

Publicado por Kris Roman en Mayo 26, 2008

 

Rusia está dispuesta a promover la cooperación en todos los dominios con Cuba, país con el que nos unen antiguos lazos de amistad, declaró hoy el copresidente de la Comisión Intergubernamental Ruso-Cubana de Cooperación en Economía, Comercio y Ciencia, Borís Alioshin.

“Estas simpatías son garantía de los futuros éxito”, declaró Alioshin en la reunión del Consejo Empresarial Rusia-Cuba, celebrada en Moscú. Por su parte, el subdirector del Departamento de América Latina en el Ministerio ruso de Exteriores, Ígor Ezhov, afirmó que existen todas las premisas necesarias para conferir una nueva calidad a la cooperación económica y comercial entre Rusia y Cuba.

“En el momento actual no falta nada para registrar un avance sustancial en el desarrollo de la cooperación económica y comercial con Cuba”, destacó el diplomático.

Según sus palabras, se logró “restablecer el ambiente constructivo, cálido y de confianza en las relaciones bilaterales, así como el diálogo político y la cooperación entre diversas entidades y departamentos”.

La visita que el entonces primer ministro de Rusia, Mijaíl Fradkov, efectuó a La Habana hace un año y medio sentó una buena base para el fomento de las relaciones bilaterales, hizo constar Ezhov.

“En el marco de aquella visita histórica fueron firmados el acuerdo de concesión de crédito a Cuba y el acuerdo marco de cooperación militar”, concluyó el diplomático.

 

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La zona del Ártico puede ser escenario de conflictos internacionales

Publicado por Kris Roman en Mayo 23, 2008

Iliá Krámnik, RIA Novosti.

El calentamiento climático que hasta hace poco era considerado  como un fenómeno natural de interés ecológico y científico, paulatinamente ha pasado a convertirse en un factor de influencia geopolítica importante.

El descongelamiento de los hielos y la ampliación de la temporada de navegación por los mares que durante el invierno se cubren de hielo, permiten hablar de las perspectivas de acceso a los yacimientos naturales y recursos biológicos que yacen en el Océano Glacial Ártico.

Actualmente, la mayoría de países vecinos a la región del Ártico han desplegado intensas actividades en esa zona. Cada uno se esfuerza por reafirmar sus posturas de cara a posibles disputas sobre la soberanía de las aguas árticas, la plataforma marina y los recursos que allí se encuentran.  

El profundo interés que actualmente suscita el Ártico es evidente porque existen muchos factores. El  descongelamiento de los hielos permitirá la navegación permanente por la denominada Ruta Marina del Norte (RMN), una vía de transporte estratégica entre Europa y Asia.

La puesta en marcha de la RMN (así sea con la ayuda de buques rompehielos en la temporada de invierno) será un acontecimiento que podrá superar la importancia que tuvo en su tiempo la apertura del canales de Suez o el canal de Panamá tomados en conjunto.  

La intensa actividad científica y económica desplegada en el Ártico, también ha despertado la atención de los militares cuyas obligaciones incluye la defensa de los intereses de cada uno de sus países en el caso de posibles conflictos. A partir de estas consideraciones, es posible pronosticar las contradicciones que pueden surgir en la defensa de esos intereses.

El control sobre los yacimientos naturales, especialmente los hidrocarburos encabezan la lista debido al aumento continuado de sus precios en el mercado mundial. Los yacimientos de petróleo y gas que se encuentren en aguas neutrales pueden ser objeto de contenciosos, y en momentos críticos, las disputas pueden extenderse a los campos de hidrocarburos que se encuentren en las zonas de exclusión económica (200 millas).

 El asunto será  cuál será el precio límite del barril de petróleo y el millar de metros cúbicos de gas que restringa a los países interesados reconocer el libre y equitativo acceso a los recursos naturales del Ártico.

El interés que tiene el Ártico en lo referente al trasporte también es importante. Cabe recordar que la RMN es el trayecto más corto entre Europa Occidental y el Sudeste Asiático. El buque que tome esa ruta, digamos, desde Holanda al Japón deberá recorrer una distancia de al menos 14.000 kilómetros.

Al mismo tiempo, el trayecto Holanda-Japón por el Océano Indicó a través del Canal de Suez y el Atlántico es de 20.000 kilómetros. O sea 24.000 kilómetros si se opta por la ruta a través del  Océano Pacífico y el Canal de Panamá.

Estas rutas cortas son aplicables exclusivamente a buques relativamente pequeños, porque los de mayor calado, al no poder cruzar por Suez o Panamá, deberán bordear toda la costa de África recorriendo cerca de 27.000 kilómetros.

Un recorte tan pronunciado de distancias (de entre 6.000 y 13.000 kilómetros) tiene interés en el caso de que la RMN sea navegable durante todo el año, si aumenta considerablemente el tránsito de buques, y en consecuencia, se produce un sensible crecimiento económico de los puertos en los territorios adyacentes.

En este caso, Noruega y Rusia serán los países más beneficiados porque las rutas de navegación pasarán a lo largo de sus costas.

El incremento de la navegación marítima implica el desarrollo de la infraestructura costera a todo lo largo de las rutas y muy especialmente en su parte intermedia, es decir, entre el mar de Kara y el estrecho de Bering que comprenden los territorios más habitados.

 Esto implica también el reforzamiento del control militar y fronterizo de la región con el objetivo de garantizar la navegación libre, y también combatir problemas característicos de las rutas mercantes como el contrabando, pesca ilegal, piratería y otros.

Además, se impone la necesidad de  reforzar la defensa de los puertos, que también se convierten en objetivos importantes desde el punto de vista militar. Por primera vez, los apartados  territorios árticos tendrán interés como objeto de posible colonización.

También es importante recordar los recursos biológicos del Ártico. El aumento de la población mundial plantea el aumento de los volúmenes mundiales de pesca, incluso en las latitudes norte. Los conflictos, relacionados con la pesca en los mares septentrionales son ya frecuentes. Al respecto,  la prensa mundial dedicó amplios comentarios sobre el incidente de los pesqueros rusos cerca  a la isla noruega de Spitzberg. Los expertos también recuerdan  la “Guerra del Bacalao” entre Inglaterra e Islandia. Es evidente que con el aumento de los volúmenes de pesca y la ampliación de los sectores de captura el número de esos conflictos se incrementará en el futuro.

Al valorar las perspectivas de los países de la zona ártica,  Rusia tiene recursos e instrumentos para defender sus intereses y ampliar su influencia en la región polar porque en comparación con otros países, tiene ventajas considerables.

Rusia controla la mayor parte de la RMN y cuenta con infraestructura vital a lo largo de su recorrido, incluidas ciudades y puertos que pueden servir de base para su posterior desarrollo.

Durante muchos años, Rusia realiza un programa continuo de investigaciones científicas  polares incluso con estaciones flotantes sobre el hielo, lo que ha permitido la recopilación de información exclusiva de esa región.

Además,  Rusia cuenta con una poderosa flota de rompehielos incluidos los nucleares que facilitan la travesía de barcos en solitario o de caravanas de buques en condiciones extremas.

Finalmente, en la zona del Ártico, Moscú tiene una presencia militar importante. Para garantizar la defensa de sus intereses en esta zona, cuenta con la Flota del Norte,  base de elementos clave de su Armada de Guerra.

El potencial militar de la Flota del Norte de Rusia es superior a las fuerzas militares dislocadas en la zona por el resto de  países.

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Los rusos creen que Putin controla a Medvédev, según las encuestas

Publicado por Kris Roman en Mayo 23, 2008

Después de celebrada la investidura del nuevo presidente Dmitri Medvédev y anunciados los nombramientos en el Gobierno de Vladímir Putin, los rusos han cambiado un tanto su visión acerca de quién de los dos políticos debería quedarse con el poder real en el país, escribe el jueves el diario Vedomosti.

Del 47% en abril al 38% en mayo bajó el número de los entrevistados, según los cuales es Medvédev quien debería tener el poder, según demuestra una encuesta realizada por el Centro Levada. Al mismo tiempo, creció de 24 a 34 puntos el porcentaje de quienes preferirían repartir el poder en partes iguales entre Medvédev y Putin. Un 32% de los rusos ahora, frente al 21% en marzo pasado, piensa que el poder seguirá en las manos de Putin.

El número de los rusos que confían en la autonomía de Medvédev ha bajado en seis puntos porcentuales, hasta el 16%, en cuestión de un mes. El 75% de la población está convencida de que Putin y las personas de su entorno controlan las acciones de Medvedev. Y aún así, siete de cada diez rusos (68%) creen que el poder supremo en el país debe pertenecer al presidente.

“Los ciudadanos partían de que el poder está y debe continuar en las manos de Putin, así que la propuesta de convertir a Medvédev en presidente fue acogida como una expresión de la voluntad de Putin”, comentó Alexei Levinson, del Centro Levada. “La sociedad capta también la señal de que Medvédev tendrá menores atribuciones presidenciales que su antecesor”, agregó.

Otro centro sociológico ruso, VTsIOM, constata que el grado de apoyo a la gestión del primer ministro se equiparó a mediados de mayo al nivel de aprobación con respecto a las acciones del presidente (71-72%), y que el respaldo al Gobierno tiende a crecer.

Después de la investidura, Medvédev ha tenido menor protagonismo que Putin en los medios de comunicación.

Otro factor en que repara la gente, según el politólogo Evgueni Minchenko, es que en el poder se ven sólo “unos cuantos hombres de Medvédev pero sí buena parte de los miembros del equipo de Putin”, y que la dureza del ex presidente a la hora de remodelar el Gabinete o en las reuniones gubernamentales hace confiar en su liderazgo político.

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Irán con Medvédev gozará de un período de continuidad

Publicado por Kris Roman en Mayo 21, 2008

Piotr Goncharov, RIA Novosti.

Tomado de conversaciones confidenciales en el Kremlin:

 - Debo advertirle Dmitri Anatólievich (Medvédev) que Irán es un asunto muy complicado.

- Tiene razón Vladímir Vladímirovich (Putin). Me pareció acertada la forma como resolvió el asunto de las sanciones, ahora, sólo queda que (los iraníes) reflexionen con cordura.

 

La disposición adoptada por Vladímir Putin el último día de su presidencia referente al cumplimiento de la resolución 1803 del Consejo de Seguridad de la ONU sobre la aplicación de sanciones contra Irán puso en guardia a muchos tanto en Moscú como en Teherán y el resto del mundo. ¿Será  que Rusia se solidariza totalmente a la política dura de sanciones contra Irán? ¿Cambiará sensiblemente a favor de Occidente la postura de Moscú con respecto a Irán con el nuevo presidente ruso?

Los interrogantes siguen apareciendo e incluso, ya circulan explicaciones.

Una de ellas indica que Moscú se adhirió al régimen de sanciones contra Irán porque la Casa Blanca firmó el convenio ruso-estadounidense de cooperación nuclear de aplicación civil. El convenio, muy esperado por muchas empresas del sector nuclear ruso, permitirá la exportación de uranio poco enriquecido  a EEUU sin necesidad de intermediarios. Otras versiones afirman que Putin decidió apoyar las sanciones contra Irán para evitar que Medvédev debutara en asuntos de política exterior con la adopción de pasos en cierta medida, incómodos pero necesarios.

 

Al fin de cuentas, sería más que extraño que Rusia, que participó en la redacción de las sanciones y que votó a favor de su imposición en la sesión del Consejo de Seguridad de la ONU se abstuviera en aplicarlas. En este caso, Rusia se vio en la situación diplomática cuando costó mucho apoyar una decisión y al mismo tiempo, le fue imposible permanecer al margen.

Es destacable que la presente situación, el propio Putin se anticipó en tranquilizar a Teherán. En vísperas de la toma de posesión de Medvédev, el Secretario interino del Consejo de Seguridad de Rusia, Valentín Sóbolev en Teherán transmitió un mensaje oral del Kremlin al presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad:

 ”Rusia confirma el principio de amplia interrelación con Irán, independientemente de quien se encuentre en el poder”. La expresión, “independientemente de quien se encuentre en el poder” era una referencia al Kremlin. De esta manera, Irán recibió del nuevo presidente ruso garantías de continuidad, que  para Ahmadineyad son indispensables. Esto se notó muy bien en Moscú en la nota que envió el presidente iraní en  respuesta al mensaje de Putin y Medvédev.

No es casual que el embajador de Irán en Moscú Gholamreza Ansari afirmara recientemente que durante el mandato de Putin las relaciones ruso-iraníes tuvieron un “período dorado”.

Ansari tuvo razón. Para Irán, la Administración de Putin fue altamente provechosa, entre otras cosas porque Putin firmó con Irán acuerdos económicos y comerciales a diez años de perspectiva, aunque la mayoría de ellos apenas avanzan debido a la pasividad de la parte iraní.

Entre otros  logros, hay que incluir la construcción de la central nuclear de Bushehr en el sur del territorio iraní con la ayuda de tecnología y especialistas rusos.

Precisamente fue Putin quien convenció  a los iraníes devolver a Rusia el combustible nuclear que se utilizará en esa planta nuclear.

Además, el Kremlin consiguió que Irán firmara, aunque  en forma parcial el Protocolo Adicional al Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TNP).

 Estas iniciativas atenuaron en parte la preocupación de algunos países con respecto a la central nuclear de Bushehr y en consecuencia, permitió que los especialistas rusos pudieran continuar los trabajos para poner en marcha esa instalación nuclear de aplicación civil.

Putin también propuso la creación en el territorio ruso de un centro internacional de enriquecimiento de uranio que podrá utilizar Irán. A partir de esta propuesta, el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y el sexteto de países mediadores (Rusia, EEUU, China, Inglaterra, Francia y Alemania), confían en que es posible convencer a Teherán a que renuncie, o al menos, suspenda su programa nacional de enriquecimiento de uranio. Si esto se logra, será muy posible encontrar una solución política al problema nuclear iraní.  

Durante el mandato de Putin, Irán notablemente pudo reforzar su influencia en Asia Central al convertirse en país observador en  la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS) y en el futuro, candidato a ser miembro de pleno derecho en una de las organizaciones regionales de concertación más influyentes en toda Asia.

Gracias a la mediación de Moscú, ahora es difícil imaginar el desarrollo de proyectos de fomento importantes en Asia Central, incluso en Afganistán, sin la participación de Irán.  

Cabe añadir que Irán es uno de los aliados estratégicos de Rusia en regiones clave como el Cáucaso, Caspio, Asia Central y también un socio importante en lo que respecta al mercado mundial de hidrocarburos como el gas.

En lo que respecta a la postura geopolítica y la estrategia energética, ambos países no tienen contradicciones, y en todas las variantes posibles de desarrollo, los intereses de ambos países se complementan.

Socios como estos no se pueden abandonar sino que, por el contrario, hay que valorar y proteger.

La constatación anterior supone un factor positivo en las relaciones entre Rusia e Irán y por esa razón, el presidente Medvédev se propone desarrollar una política de continuidad con respecto a Teherán.

Aunque esto no garantiza que las relaciones entre ambos países serán absolutamente armoniosas. Porque existen problemas conocidos, el primero y más  importante, el programa nuclear iraní, uno de los mayores dolores de cabeza para Rusia.

Hablando francamente, a veces se tiene la impresión de que Teherán especula con los esfuerzos de Rusia para solucionar el problema del programa nuclear iraní por la vía diplomática. Por ejemplo, Teherán sabe que el efecto de las sanciones se podrá compensar con creces si se aplica el paquete  de ayudas y estímulos para Irán, un asunto en que insistió con especial empeño Rusia.

Ciertos círculos rusos no comprenden por qué Teherán continúa ignorando los esfuerzos de Moscú a favor de los recursos diplomáticos, que cada vez son más escasos después de cada adopción de resoluciones por parte del CS de la ONU.

Esta circunstancia no descarta que la nueva administración de Moscú imponga nuevas condiciones a Teherán respecto a su programa nuclear.

 Y no porque el nuevo presidente haya cambiado de política, sino porque sencillamente el momento llegó.

Al ignorar el llamamiento a reanudar las negociaciones en los términos expuestos por el Consejo de Seguridad, Irán obliga a que la única forma de solucionar el contencioso pase por la implantación de más sanciones e incluso hasta el aislamiento total, independientemente de la postura que adopte Moscú.

El programa nuclear iraní no es el único problema que preocupa a parte de la comunidad internacional y tampoco el único hecho que Moscú puede pasar por alto.

Los asuntos que también inquietan están relacionados con el programa iraní para el desarrollo de cohetes balísticos, su retórica antiisraelí, y su postura en torno a la solución de la problemática en Oriente Medio.

De todas formas, Teherán puede contar que Dmitri Medvédev, el tercer presidente de Rusia, continuará con Irán las relaciones que comenzaron con Putin. Seguramente que habrá continuidad pero con ciertas condiciones recíprocas.

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La nueva geopolítica de la energía

Publicado por Kris Roman en Mayo 21, 2008

Michael T. Klare RIA Novosti

Los estrategas militares estadounidenses se preparan para futuras guerras que habrán de librarse, no por cuestiones de ideología o política, sino en nuda pugna por recursos crecientemente escasos.

Mientras la atención diaria del ejército estadounidense se centra en Irak y Afganistán, los estrategas norteamericanos miran más allá de estos dos conflictos con el objetivo de prever el medio en el que se producirá el combate global en los tiempos venideros. Y el mundo que ven es uno en el cual la lucha por los recursos vitales, más que la ideología o la política de equilibrio de poder, domina el Campo de Marte. Creyendo que los EE.UU. deben reconfigurar sus doctrinas y fuerzas para prevalecer en semejante entorno, los oficiales más veteranos han tomado los pasos necesarios para mejorar su planificación estratégica y capacidad de combate. Aunque muy poco de todo esto ha llegado al dominio público, existe un número de indicadores clave. 

Desde el 2006 el Departamento de Defensa, en su informe anual Capacidad militar de la República Popular China, ha puesto a un mismo nivel la competición por los recursos y el conflicto en torno a Taiwan como la chispa que podría desencadenar una guerra con China. La preparación de un conflicto con Taiwan permanece como “una razón importante” en la modernización militar china, según indica la edición del 2008, pero “un análisis de las recientes adquisiciones del ejército chino y de su actual pensamiento estratégico sugiere que Pekín está desarrollando también otras capacidades de su ejército para otro tipo de contingencias, como por ejemplo el control sobre los recursos.” El informe incluso considera que los chinos están planeando mejorar su capacidad para una “proyección de su poder” en las zonas que les proporcionan materias primas, especialmente combustibles fósiles, y que semejantes esfuerzos supondrían una significativa amenaza para los intereses de la seguridad estadounidense.

El Pentágono también pide este año fondos para el establecimiento del Africa Command (Africom), el primer mando unificado transatlántico desde que en 1983 el presidente Reagan creara el Central Command (Centcom) para proteger el petróleo del Golfo Pérsico. La nueva organización centrará sus esfuerzos supuestamente en la ayuda humanitaria y la “guerra contra el terrorismo”. Pero en una presentación en la Universidad Nacional de Defensa, el comandante segundo de Africom, el Vice Almirante Robert Moeller, declaró que “África tiene una importancia geoestratégica cada vez mayor” para los EE.UU. -el petróleo es un factor clave- y que entre los retos clave para los intereses estratégicos estadoundienses en la región se encuentra la “creciente influencia en África” de China.

A Rusia también se la contempla a través de la lente de la competición mundial por los recursos. Aunque Rusia, a diferencia de los EE.UU. y China, no necesita importar petróleo ni gas natural para satisfacer sus necesidades nacionales, busca dominar el transporte de energía, especialmente hacia Europa, lo que ha alarmado a los oficiales veteranos de la Casa Blanca que recelan de una restauración del status de Rusia como superpotencia y temen que su aumento en el control de la distribución del petróleo y el gas en Eurasia debilite la influencia estadounidense en la región. En respuesta a la ofensiva energética rusa, la administración Bush está emprendiendo contramedidas. “Tengo la intención de nombrar… a un coordinador especial de energía que dedicará especialmente todo su tiempo a la región de Asia Central y del mar Caspio”, informó en febrero la Secretaria de Estado Condoleezza Rice al Comité de Asuntos Exteriores del Senado. “Es una parte verdaderamente importante de la diplomacia.” Uno de los principales trabajos de este coordinador, según declaró Rice, será el de fomentar la construcción de oleoductos y gasoductos que circunvalen Rusia con el objetivo de disminuir su control sobre el flujo energético regional.

Tomados en conjunto, éstos y otros movimientos semejantes sugieren que ha tenido lugar un desplazamiento de la política: en un momento en el que el las reservas mundiales de petróleo, gas natural, uranio y minerales industriales clave como el cobre y el cobalto empiezan a disminuir y la demanda de esos mismos recursos se está disparando, las mayores potencias mundiales se desesperan por conseguir el control sobre lo que queda de las reservas sin explotar [para más pruebas sobre la escasez de combustibles fósiles, véase Klare, Preparativos para una vida después del petróleo, 12 noviembre de 2007, y Mark Hertsgaard, Nos quedamos sin gasolina, 12 de mayo]. Estos esfuerzos implican por lo general una intensa guerra de pujas en los mercados internacionales, lo que explica los precios récord que están alcanzando todas estas mercancías, pero también adoptan una forma militar cuando empiezan a realizarse las transferencias de armamento y el despliegue de misiones y bases transatlánticas. Para reafirmar la ventaja de los EE.UU. -y para contrarrestar movimientos similares de China y otros competidores por los recursos- el Pentágono ha situado la competición por los recursos en el centro mismo de su planificación estratégica.

Alfred Thayer Mahan, revisitado

No es la primera vez que los estrategas estadounidenses dan máxima prioridad a la lucha global por los recursos. A finales del siglo XIX un atrevido grupo de pensadores militares liderados por el historiador naval y presidente del Naval War College, Alfred Thayer Mahan, y su protégé, el entonces Secretario Asistente de la Marina Theodore Roosevelt, hicieron una campaña reclamando una Marina estadounidense fuerte, y la adquisición de colonias que asegurasen el acceso a los mercados de ultramar y las materias primas. Sus puntos de vista ayudaron puntualmente a fomentar el apoyo de la opinión pública a la Guerra Hispanoamericana y, a su conclusión, al establecimiento de un imperio comercial estadounidense en el Caribe y el Pacífico.

Durante la Guerra Fría, la ideología gobernó absolutamente la estrategia estadounidense de contención de la URSS y derrota del comunismo. Pero incluso entonces no se abandonaron por completo las consideraciones acerca de los recursos. La doctrina Eisenhower de 1957 y la doctrina Carter de 1980, a pesar de que se acomodaron a la habitual retórica anti-soviética de la época, pretendían sobre todo asegurar el acceso de EE.UU. a las prolíficas reservas petrolíferas del Golfo Pérsico. Y cuando el presidente Carter estableció en 1980 el núcleo de lo que sería más tarde el Centcom, su principal preocupación era la protección del flujo petrolífero del Golfo Pérsico y no la contención de las fronteras de la Unión Soviética.  

Al terminar la Guerra Fría, el presidente Bush trató -y falló- de establecer una coalición mundial de estados de ideologías afines (un “Nuevo Orden Mundial”) que mantendría la estabilidad mundial y permitiría a los intereses empresariales (con las compañías estadounidenses al frente) extender su alcance por todo el planeta. Este enfoque, aunque suavizado, fue adoptado después por Bill Clinton. Pero el 11-S y la implacable campaña contra los “estados canalla” (sobre todo contra el Irak de Saddam Hussein e Irán) de la actual administración Bush, ha reinyectado el elemento ideológico a la planificación estratégica estadounidense. Tal y como lo presenta George W. Bush, la “guerra contra el terrorismo” y los “estados canalla” son los equivalentes contemporáneos a las anteriores luchas ideológicas contra el fascismo y el comunismo. Examinados más de cerca estos conflictos, sin embargo resulta imposible separar el problema del terrorismo en Oriente Medio o el desafío de Irak e Irán de la historia de la extracción del petróleo en aquellas regiones por parte de empresas occidentales.

El extremismo islámico del tipo que propaga Osama Bin Laden y Al Qaeda en la región tiene muchas raíces, pero una de las más importantes sostiene que el ataque occidental y la ocupación de tierras islámicas -y la resultante profanación de las culturas y pueblos musulmanes- se debe a la sed de petróleo de los occidentales. “Recordad también que la razón más importante que tienen nuestros enemigos para controlar nuestras tierras es la de robar nuestro petróleo”, dijo Bin Laden a sus simpatizantes en una grabación sonora fechada el diciembre del 2004. “Así que haced lo que tengáis en vuestras manos para detener el mayor robo de petróleo de la historia.”

De manera similar, los conflictos de EE.UU. con Irak e Irán han sido modelados por el principio fundamental de la doctrina Carter de que los EE.UU. no permitirán la aparición de una potencia hostil que pueda obtener en un momento dado el control del flujo petrolífero en el Golfo Pérsico, y con ello, en palabras del vicepresidente Cheney, “ser capaz de dictar el futuro de la política energética mundial.” El hecho de que estos países estén posiblemente desarrollando armas de destrucción masiva sólo complica la tarea de neutralizar la amenaza que representan, pero no altera la lógica estratégica que subyace en el fondo de los planes de Washington.

La preocupación sobre la seguridad de los suministros de recursos ha sido, pues, una característica central en la planificación estratégica desde hace tiempo. Pero la atención que se le presta ahora a esta cuestión representa un cambio cualitativo en el pensamiento estadounidense sólo igualable a los impulsos imperiales que condujeron a la Guerra Hispanoamericana un siglo atrás. Sin embargo en esta ocasión el movimiento está motivado no por una optimista fe en la capacidad norteamericana para dominar la economía mundial, sino por una perspectiva francamente pesimista sobre la disponibilidad de los recursos vitales en el futuro y la intensa competición sobre ellos que están llevando a cabo China y otros motores económicos emergentes. Enfrentándose a este doble reto, los estrategas del Pentágono creen que asegurar la primacía estadounidense en la lucha por los recursos mundiales debe ser la prioridad número uno de la política militar norteamericana.

Regreso al futuro

En línea con este nuevo enfoque, el énfasis se emplaza ahora en el papel mundial que ha de jugar la marina estadounidense. Utilizando un lenguaje que hubiera sonado sorprendentemente familiar a Alfred Mahan y al primer presidente Roosevelt, la Marina, los marines y la guardia costera dieron a conocer en octubre un documento tituladoUna estrategia cooperativa para el poder naval en el siglo XXI que resalta la necesidad de los EE.UU. de dominar los océanos y asegurar las principales rutas marítimas que conectan el país con sus mercados de ultramar y reservas de recursos. 

En las pasadas cuatro décadas el comercio marítimo mundial se ha cuadriplicado: el 90% del comercio mundial y dos tercios del petróleo son transportados por mar. Las rutas marítimas y la infraestructura costera que las apoyan son la tabla de salvación de la economía global actual. Unas expectaciones de crecimiento cada vez mayores y el incremento de la competición por los recursos unidas a la escasez pueden alentar a las naciones a ejercer cada vez más reclamaciones de soberanía sobre parcelas cada vez mayores del océano, vías fluviales y recursos naturales, resultando de todo ello potenciales conflictos. 

Para encarar este peligro, el Departamento de Defensa ha emprendido una modernización total de su flota de combate, lo que supone el desarrollo y obtención de nuevos portaaviones, destructores, cruceros, submarinos y un nuevo tipo de nave de “combate litoral” (armamento de costa), un esfuerzo que llevará décadas completar y que consumirá cientos de miles de millones de dólares. Algunos de los elementos de este plan fueron desvelados por el presidente Bush y el Secretario de Defensa Gates en la propuesta de presupuesto para el año fiscal 2009, presentada el pasado mes de febrero. De los artículos más caros del presupuesto destacan los siguientes: 

- 4,2 mil millones de dólares para la principal nave de una nueva generación de portaaviones de propulsión nuclear.

-  3,2 mil millones de dólares para un tercer misil para el destructor clase “Zumwalt”. Estas naves de guerra de camuflaje avanzadas servirán también como banco de pruebas para un nuevo tipo de misiles crucero, los CG(X).

-  1,3 mil millones de dólares para las dos primeras naves de combate litoral.

-  3,6 mil millones de dólares para un nuevo submarino clase Virginia, el navío de combate subacuático más avanzado del mundo, actualmente en producción.

Los programas de construcción naval propuestos costarán 16′9 mil millones el año fiscal del 2009, después de los 24′6 mil millones de dólares votados para el año fiscal 2007 y 2008.

El nuevo enfoque estratégico de la Marina se refleja no sólo en la obtención de nuevos navíos, sino también en la disposición de los ya existentes. Hasta hace poco la mayoría de los activos navales estaban concentrados en el Atlántico Norte, el Mediterráneo y el Pacífico Noroeste en misiones de apoyo a las fuerzas de la OTAN estadounidenses y en virtud de los pactos de defensa con Corea del Sur y Japón. Estos vínculos figuran de manera muy prominente en los cálculos estratégicos, pero se incrementa cada vez más la importancia de la protección de los enlaces comerciales vitales en el Golfo Pérsico, el Pacífico suroeste y el Golfo de Guinea (cerca de los mayores productores de petróleo en África). En el 2003, por ejemplo, el jefe del US European Command declaró que los portaaviones de combate bajo su mando estarían menos tiempo en el Mediterráneo y “la mitad de su tiempo descenderían a la costa oeste de África.”

Un enfoque similar guía la reestructuración de las bases de ultramar, que había permanecido en gran medida intacta los últimos años. Cuando la administración Bush tomó el poder, la mayoría de las bases principales se encontraban en Europa occidental, Japón o Corea del Sur. Por insistencia del entonces Secretario de Defensa Donald Rumsfeld, el Pentágono empezó a trasladar fuerzas de la periferia de Eurasia hacia sus regiones centrales y del sur, especialmente Europa central y oriental, el centro de Asia y el sudeste asiático, así como en el norte y centro de África. Es cierto que estas zonas son el hogar de Al Qaeda y de los “estados canalla” de Oriente Medio, pero también que contienen el 80% o más de las reservas mundiales de gas natural y petróleo, así como reservas de uranio, cobre, cobalto y otros materiales industriales cruciales. Y, como se ha señalado antes, es imposible separar lo uno de lo otro en los cálculos estratégicos estadounidenses.

Otro punto muy a tener en cuenta es el plan estadounidense para mantener una infraestructura básica para apoyar las operaciones de combate en la cuenca del Mar Caspio y Asia central. Los vínculos americanos con los estados de esta región fueron establecidos años antes del 11-S para proteger el flujo del petróleo del Mar Caspio hacia occidente. Creyendo que la cuenca del mar Caspio sería una nueva fuente valiosa de petróleo y gas natural, el presidente Clinton trabajó aplicadamente para abrir las puertas a la participación estadounidense en la producción energética de la zona, y aunque advertido de los antagonismos étnicos endémicos de la región, trató de reforzar la capacidad militar de las potencias aliadas del lugar y preparar una posible intervención de las fuerzas norteamericanas en la zona. El presidente Bush redobló estos esfuerzos, incrementando el flujo de la ayuda militar estadounidense y estableciendo bases militares en las repúblicas centroasiáticas.

Una mezcla de prioridades gobierna los planes del Pentágono para retener una constelación de  bases “duraderas” en Irak. Muchas de estas instalaciones serán sin duda utilizadas para continuar dando apoyo a las operaciones contra las fuerzas insurgentes, para actividades de inteligencia militar y para el entrenamiento del ejército y unidades de policía iraquíes. Incluso si todas las tropas de combate estadounidenses fueran retiradas de acuerdo con los planes anunciados por los senadores Clinton y Obama, algunas de estas bases serían con toda probabilidad mantenidas para actividades de entrenamiento, que tanto Clinton como Obama han afirmado que continuarán. Por otra parte, al menos algunas de las bases están específicamente dedicadas a la protección de las exportaciones de petróleo iraquí. En el 2007, por ejemplo, la Marina reveló que había construido una instalación de dirección y control sobre y a lo largo de una terminal de petróleo iraquí en el Golfo Pérsico, con el fin de supervisar la protección de las terminales de extracción de mayor importancia en la zona.

Una lucha global

Ninguna otra de las principales potencias mundiales es capaz de igualar a los Estados Unidos a la hora de desplegar su capacidad militar en la lucha por la protección de las materias primas de vital importancia. Sin embargo, las otras potencias están empezando a desafiar su dominio de varias maneras. China y Rusia en particular están proporcionando armas a los países en desarrollo productores de petróleo y gas, y están también empezando a mejorar su capacidad militar en zonas clave de producción energética.

La ofensiva china para ganar acceso a las reservas extranjeras es evidente en África, donde Pekín ha establecido vínculos con los gobiernos productores de petróleo de Algeria, Angolia, Chad, Guinea Ecuatorial, Nigeria y Sudán. China también ha buscado acceso a las abundantes reservas minerales africanas, persiguiendo las reservas de cobre en Zambia y el Congo, cromo en Zimbaue y un abanico de diferentes minerales en Sudáfrica. En cada caso los chinos se han atraído el apoyo de estos países proveedores con una diplomacia activa y constante, ofertas de planes de asistencia para el desarrollo y préstamos a bajo interés, vistosos proyectos culturales y, en muchos casos, armamento. China es ahora el mayor proveedor de equipos de combate básicos a muchos de estos países, y es especialmente conocida por su venta de armas a Sudán, armas que han sido empleadas por las fuerzas gubernamentales en sus ataques contra las comunidades civiles de Darfur. Además, como los EE.UU., China ha complementado sus transferencias de armas con acuerdos de apoyo militar, lo que ha llevado a una presencia constante de instructores, consejeros y técnicos chinos en la zona, compitiendo con sus homólogos norteamericanos por la lealtad de los oficiales militares africanos.

El mismo proceso está teniendo lugar en gran medida en Asia Central, donde China y Rusia cooperan bajo los auspicios de la Shanghai Cooperation Organization (SCO) para proporcionar armamento y asistencia técnica a los “istanes” del Asia Central [Kazajstán, Uzbekistán, Turkmenistán, Tayikistán y Kirguizistán], de nuevo en competición con los EE.UU. por ganarse la lealtad de las elites militares locales. En los 90 Rusia estuvo demasiado preocupada con Chechenia como para prestar atención a esta zona, y China, por su parte, estaba concentrada en otras cuestiones a las que daba más prioridad, así que Washington disfrutó de una ventaja temporal. Sin embargo, en los últimos cinco años Moscú y Pekín han concentrado sus esfuerzos para ganar influencia en la región. El resultado de todo ello ha sido un paisaje geopolítico mucho más competitivo, con Rusia y China, unidas a través de la SCO, ganando terreno en su ofensiva para minimizar la influencia estadounidense en la región.

Una muestra clara de esta ofensiva fue el ejercicio militar que llevó a cabo la SCO el pasado verano, el primero de esta naturaleza, en el que participaron todos los estados miembros. Las maniobras involucraron a 6.500 miembros en total, procedentes del personal militar de China, Rusia, Kazajstán, Kirguizistán, Tayikistán y Uzbekistán, y tuvieron lugar en Rusia y China. Aparte de su significado simbólico, el ejercicio era indicativo de los esfuerzos chinos y rusos para mejorar sus capacidades militares, poniendo un fuerte énfasis en lo que se refiere a sus fuerzas de asalto a larga distancia. Por primera vez un contingente de tropas chinas aerotransportadas fue desplegada fuera de territorio chino, un signo claro de la creciente autoconfianza de Pekín. 

Para asegurarse de que el mensaje de estos ejercicios no había pasado inadvertido, los presidentes de China y Rusia aprovecharon la ocasión para organizar una cumbre de la SCO en Kirguizistán y advertir a los Estados Unidos (aunque no fuese nombrado) de que no permitirían intromisiones de ningún tipo en los asuntos de Asia Central. En su llamada por un mundo “multipolar”, por ejemplo, Vladimir Putin declaró que “cualquier intento para resolver problemas mundiales y regionales de manera unilateral será en vano.” Por su parte Hu Jintao hizo notar que “las naciones de la SCO conocen con claridad las amenazas a las que se enfrenta la región y deben asegurar su protección por sí mismas.” 

Estos y otros esfuerzos de China y Rusia, combinados con la escalada de ayuda militar estadounidense a algunos estados de la región, son parte de una mayor, aunque a menudo oculta, lucha por el control del flujo del petróleo y el gas natural desde la cuenca del Mar Caspio a los mercados de Europa y Asia. Y esta lucha, a su vez, no es sino parte de la lucha mundial por el control de la energía.

El mayor riesgo de esta lucha es que algún día exceda los límites de la competición económica y diplomática y entre de lleno en el terreno militar. No sucederá, desde luego, porque alguno de los estados implicados tome la decisión deliberada de provocar una guerra contra uno de sus competidores, porque los líderes de todos estos países saben a ciencia cierta que el precio de la violencia es demasiado elevado teniendo en cuenta lo que obtendrían a cambio. El problema es, en cambio, que todos ellos están tomando parte en acciones que hacen que el comienzo de una escalada involuntaria sea cada día más plausible. Estas acciones incluyen, por ejemplo, el despliegue de un número cada vez más elevado de consejeros e instructores militares americanos, rusos y chinos en zonas de inestabilidad en las cuales estos foráneos pueden verse atrapados algún día en bandos opuestos en conflicto.

El riesgo es aún mayor si tenemos en cuenta que la producción intensificada de petróleo, gas natural, uranio y minerales es ya en sí misma una fuente de inestabilidad, que actúa como un imán para las entregas de armamento y la intervención extranjera. Las naciones implicadas son casi todas ellas pobres, así que quien controle los recursos controlará las únicas fuentes seguras de abundante riqueza material. Esta situación es una invitación a la monopolización del poder para que las elites codiciosas empleen su control sobre el ejército y la policía para eliminar a sus rivales. El resultado de todo ello es, casi sin excepción, el de la creación de una camarilla de capitalistas instalados a conciencia en el poder que utilizan con brutalidad las fuerzas de seguridad y terminan rodeados de una ingente masa de población desafecta y empobrecida, a menudo perteneciente a un grupo étnico diferente, un caldo de cultivo idóneo para los disturbios y la insurgencia. Ésta es hoy la situación en la zona del delta del Níger en Nigeria, en Darfur y el sur de Sudán, en las zonas productoras de uranio del Níger, en Zimbaue y en la provincia Cabinda de Angola (en la que se encuentra la mayor parte del petróleo del país) y otras muchas zonas que sufren lo que ha sido denominado ya “maldición de los recursos.”

El peligro se encuentra, huelga decirlo, en que las grandes potencias se vean inmersas en estos conflictos internos. No se trata de ningún escenario extemporáneo: EE.UU., Rusia y China están proporcionando armamento y servicios de apoyo militar a las facciones de muchas de las disputas antes mencionadas: EE.UU. está armando a las fuerzas gubernamentales en Nigeria y Angola, China proporciona ayuda a las fuerzas gubernamentales en Sudán y Zimbaue, y así con el resto de conflictos. Una situación incluso más peligrosa es la que existe en Georgia, donde EE.UU. respalda al gobierno prooccidental del presidente Mijaíl Saakashvili con armamento y apoyo militar, mientras Rusia da su apoyo a las regiones separatistas de Abkhazia y Osetia del Sur. Georgia juega un importante rol estratégico para ambos países porque alberga el oleoducto Bakú-Tbilisi-Ceyhan (BTC), un conducto avalado por los EE.UU. que transporta petróleo del Mar Caspio a los mercados occidentales. Actualmente hay consejeros e instructores militares estadounidenses y rusos en ambas regiones, en algunos casos incluso tienen contacto visual los unos con los otros. No es difícil, por lo tanto, conjeturar un escenario en el cual un choque entre las fuerzas separatistas y Georgia conduzca, quiérase o no, a un enfrentamiento entre soldados rusos y americanos, dando lugar a una crisis mucho mayor.   

Es esencial que América invierta el proceso de militarización de su dependencia de la energía importada y disminuya su competición con China y Rusia por el control de recursos extranjeros. Haciéndolo, se podría canalizar la inversión hacia las energías alternativas, lo que conduciría a una producción energética nacional más efectiva (con un abaratamiento de precios a largo plazo) y una inmejorable oportunidad para reducir el cambio climático.

Cualquier estrategia enfocada a reducir la dependencia de la energía importada, especialmente el petróleo, debe incluir un incremento del gasto en combustibles alternativos, sobre todo fuentes renovables de energía (solar y eólica), la segunda generación de biocombustbiles (aquellos hechos a partir de vegetales no comestibles), la gasificación del carbón capturando las partículas de carbono en el proceso (de modo que ninguna dioxina de carbono escape a la atmósfera, contribuyendo al calentamiento del planeta) y células de combustible hidrógeno, junto con un transporte público que incluya ferrocarriles de alta velocidad y otros sistemas de transporte público avanzados. La ciencia y la tecnología para implementar estos avances se encuentran ya disponibles en su mayor parte, pero no las bases para conducirla del laboratorio o de la etapa de proyecto piloto a su desarrollo completo. El desafío es, entonces, el de reunir los miles de millones -quizás billones- de dólares que se necesitarán para ello. 

El principal obstáculo a esta tarea hercúlea es que su principal razón de ser se encuentra desde un buen principio con el enorme gasto que supone la competición militar por los recursos de ultramar. Personalmente estimo que el coste actual de imponer la doctrina Carter se encuentra entre los 100 y los 150 mil millones de dólares, sin incluir la guerra en Irak. Extender esa doctrina a la cuenca del Mar Caspio y África sumará miles de millones más a la cuenta. Una nueva guerra fría con China, con su correspondiente carrera armamentística naval, requerirá billones en gastos adicionales militares en las próximas décadas. Una locura: el gasto no garantizará el acceso a más fuentes de energía, ni abaratará el precio de la gasolina a los consumidores, ni desanimará a China en su búsqueda de nuevas fuentes de energía. Lo que realmente hará será reducir el dinero que necesitamos para desarrollar fuentes de energía alternativas con las que conjurar los peores efectos del cambio climático.

Todo ello nos conduce a la recomendación final: más que embarcarnos en una competición militar con China, lo que deberíamos hacer es cooperar con Pekín en el desarrollo de fuentes de energía alternativas y sistemas de transporte más eficaces. Los argumentos en favor de la colaboración son abrumadores: se estima que juntos, los Estados Unidos y China, consumiremos el 35% de las reservas mundiales de petróleo para el 2025, la mayor parte del cual tendrá que ser importado de estados disfuncionales. Si, como se predice ampliamente, las reservas mundiales de petróleo empiezan a disminuir por entonces, nuestros países estarán encerrados en una peligrosa lucha por unos recursos cada vez más limitados a zonas crónicamente inestables del mundo. Los costes de ello, en términos de unos desembolsos militares cada vez mayores y una inhabilidad manifiesta para invertir en proyectos sociales, económicos y medioambientales que merezcan realmente la pena, serán inaceptables. Razón de más para renunciar a este tipo de competiciones y trabajar juntos en el desarrollo de alternativas al petróleo, en los vehículos eficientes y otras innovaciones energéticas. Muchas universidades y corporaciones chinas y norteamericanas han empezado a desarrollar proyectos conjuntos de esta naturaleza, así que no debería de ser difícil prever un régimen de cooperación aún mayor.    

A medida que nos acercamos a las elecciones del 2008, se abren dos caminos frente a nosotros. Uno nos conduce a una mayor dependencia de los combustibles importados, una militarización creciente de nuestra relación de dependencia del petróleo extranjero y una lucha prolongada con otras potencias por el control de las mayores reservas existentes de combustibles fósiles. La otra lleva a una dependencia atenuada del petróleo como fuente principal de nuestros combustibles, al rápido desarrollo de alternativas energéticas, un perfil bajo de las fuerzas estadounidenses en el extranjero y a la cooperación con China en el desarrollo de nuevas opciones energéticas. Rara vez una elección política ha tenido mayor trascendencia para el futuro de nuestro país.

Michael T. Klare es profesor de paz y seguridad mundial en la Universidad de Hampshire. Su úlltimo libro, Rising Powers, Shrinking Planet: The New Geopolitics of Energy, será publicado por Metropolitan Books en Abril.

Traducción para http://www.sinpermiso.info/: Àngel Ferrero

Fuente: http://www.sinpermiso.info/

LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDIRÁ OBLIGATORIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI

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Senador estadounidense pide lanzar una contraofensiva diplomática contra Rusia

Publicado por Kris Roman en Mayo 21, 2008

EEUU debe encabezar una “contraofensiva diplomática” contra Rusia en respuesta a la situación en torno a Georgia, declaró ayer el senador republicano y vicepresidente del Comité de Relaciones Internacionales del Senado de EEUU, Richard Lugar.

“Estados Unidos tiene que ponerse al frente de una enérgica contraofensiva diplomática internacional  contra los esfuerzos de Rusia por desestabilizar a Georgia y a toda la región. El arreglo pacífico de la confrontación requiere del liderazgo por parte de EEUU y de la cooperación por parte de otros miembros de la OTAN”, dice la declaración de Lugar, divulgada en Washington.

Al destacar que “Georgia es un amigo importante de EEUU”, el senador hizo recordar que la “mayoría de los dirigentes jóvenes de este país recibió instrucción superior en Norteamérica y al llegar al poder, procuró incorporarse lo más pronto posible a los institutos occidentales”.

“Los georgianos hicieron un aporte militar meritorio en Iraq y Afganistán. Por este país pasan tramos importantes de la tubería Bakú-Tbiloisi-Ceyhan por la que el petróleo caspio se conduce a Occidente”, indica la declaración que Lugar emitió después de que el comité senatorial aprobara una resolución condenatoria de las “declaraciones provocadoras y peligrosas del Gobierno de la Federación Rusa que socavan la integridad territorial de la República de Georgia”.

El pasado mes de abril el entonces presidente de Rusia, Vladímir Putin, encomendó al Gobierno elaborar las medidas para prestar la ayuda concreta a Abjasia y Osetia del Sur, repúblicas rebeldes en el seno de Georgia. Anteriormente Rusia se retiró del régimen de sanciones impuesto a Abjasia por la CEI.

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Rusia y Letonia pueden firmar el convenio de aligeramiento del trámite de visados ya este año

Publicado por Kris Roman en Mayo 21, 2008

Rusia y Letonia pueden firmar el convenio de aligeramiento del trámite de visados en 2008, ha informado este miércoles a los periodistas el embajador de Rusia en Letonia, Alexandr Veshniakov, al visitar Pskov.

 

“Existen perspectivas reales de concertar convenio entre nuestros Estados sobre el aligeramiento del trámite de visados. Ya se ha conseguido un sustancial progreso en este derrotero, y si la Unión Europea no pone trabas, se podrá firmarlo ya este año”, dijo el diplomático, añadiendo que con ello se imprimiría un sustancial impulso al desarrollo de relaciones bilaterales, entre ello en la cooperación transfronteriza.

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El nuevo radar ruso en Armavir entrará en servicio en febrero de 2009

Publicado por Kris Roman en Mayo 21, 2008

En febrero de 2009 entrará en servicio el nuevo radar ruso que está construyéndose en Armavir (parte Sur de Rusia), anunció hoy el Comandante de las Tropas Espaciales de Rusia, coronel general Vladímir Popovkin.

 

“Para ser más exacto, el 26 de febrero el radar de Armavir ya podrá sustituir los radares de alerta antimisil situados en Mukáchevo y en Sebastópol”, reveló el general.

Rusia, que se opone a los planes de instalación de un escudo antimisiles norteamericano en Europa, había propuesto a EEUU aprovechar conjuntamente el radar de Gabalá (Azerbaiyán) y el otro que se construye en Armavir para detectar el lanzamiento de misiles.

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¿Necesita Rusia tener una flota de portaviones? Nezavisimaya Gazeta

Publicado por Kris Roman en Mayo 21, 2008

El jefe de la Armada rusa, Vladímir Vysotski, esbozó a principios de mayo las directrices del futuro desarrollo de la Flota nacional. Merece especial atención en dicho plan la idea de construir para el año 2050 cinco o seis portaaviones, aunque éstos últimos no se conciben como unidades sueltas con aviación embarcada sino como sistemas integrados dentro de los grupos multipropósito y los grupos de combate portaviones (GMP y GCP), escribe Oleg Serguéiev en un artículo publicado el martes en Nezavisimaya Gazeta. Se contempla crear 5 ó 6 sistemas de este tipo en las Flotas del Pacífico y del Norte. La construcción de los portaviones como tales ha de empezar en 2012-2013.

 

El ambicioso plan del desarrollo de la Armada rusa se sustenta en el concepto de contener al adversario potencial, EEUU, en la zona costera bajo la cobertura de sistemas de defensa antiaérea y antimisil, así como en incrementar periódicamente la presencia naval en las zonas de intereses estratégicos de Rusia. En plano económico resulta muy costoso mantener los portaviones surcando los mares y ahuyentando a los pescadores furtivos pero, de momento, no se vislumbra ninguna doctrina realmente inteligible que justifique la posesión de tales buques. A falta de una tarea clara, el único crucero portaviones de Rusia, “Almirante Kuznetsov”, no hace sino pasear la bandera nacional y enseñar las ambiciones de los mandos navales cada vez que se traslada hacia el Atlántico, por uno o dos meses todos los años.

La estrategia naval de EEUU, dicho sea de paso, va experimentando una serie de fuertes cambios bajo la influencia de amenazas modernas, tales como el terrorismo de alta tecnología, la proliferación de las armas de exterminio en masa o la piratería. La política de disuasión frente a Rusia ha cedido el terreno a otra prioridad: el control sobre el Océano Mundial con la participación de al menos un millar de buques de la flota internacional.

Rusia no pretende extender su dominio a las zonas remotas. Bastante tiene con la tarea de proteger el territorio propio. Pero los almirantes y los políticos no han podido hasta la fecha  responder claramente qué falta le hacen al país los portaviones.

La escasez de centros capaces de garantizar a tiempo la reparación y la modernización de tales buques podría reducirlos a chatarra antes de que expire su ciclo de vida, piensa el articulista. Es lo que pasó en los tiempos de Jruschov con varios buques artilleros y sistemas de aviación costera, así como a mediados de los 90, cuando Rusia dio de baja y vendió para desguace varios portaviones pesados de la Flota del Pacífico, recuerda él.

Un portaviones tarda en construirse ocho años como promedio y su vida operativa alcanza o excede 30 años. A menos que se resuelva el tema de la modernización, el único portaviones disponible a día de hoy y otros dos, que Rusia planea construir en los próximos años, se habrán dado de baja para mediados de este siglo, lo cual implica la necesidad de producir en este período hasta 10 portaviones más. A ello hay que sumar decenas de buques que han de formar parte de los GMP y los GCP.

¿Será posible lograr un avance radical en este proyecto de la flota de portaviones, o se trata de una burbuja de jabón, un nuevo concepto utópico y desvinculado de la producción real? La respuesta estará en una serie de indicios fundamentales, tales como la cooperación tecnológica entre las empresas locales, la posibilidad de externalización en los países de la CEI, ante todo, Ucrania, y el amplio uso de la metodología de programas y objetivos en lo concerniente al control. El síntoma del fracaso, por el contrario, será la aparición de nuevos organismos directivos. En términos per cápita, Rusia ya está por delante de todo el mundo en esta materia. 

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